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A 562 años del nacimiento de Leonardo da Vinci

El arte contemporáneo no es revolucionario si destruye el pasado

Miércoles, 09 Abril 2014 19:00
Autor:   Elizabeth Vázquez/Subterráneos
*El artista Leonardo da Vinci es símbolo del hombre del Renacimiento, como artista e inventor, es un genio universal, filósofo y humanista; considerado uno de los más grandes pintores de todos los tiempos y, probablemente, la persona con el mayor número de talentos en múltiples disciplinas que haya existido; como referente plástico continúa siendo un icono del arte contemporáneo

 

 

Puebla, Pue. 9 de abril de 2014. El renacimiento italiano es una época destacable en el arte y en la historia, no sólo por el surgimiento del humanismo, sino porque al dar a conocer a sus mayores exponentes plásticos y humanos, además permitió descubrir una época desde sus artistas. El 15 de abril de 1452 nació Leonardo da Vinci, pintor florentino, que desarrolló y aplicó sus conocimientos. Se le considera un artista destacable en la anatomía del dibujo, además fue arquitecto, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista, es decir, contenía en sí mismo las habilidades para desarrollar cualquiera de estas áreas a las que les dedicaba tiempo completo, pues sus aportaciones se deben a que se era un artista de oficio.

El pintor nació en la región de Vinci, por ello es que se toma la ciudad como apellido, Leonardo estudió con el pintor florentino Andrea de Verrocchio, sus primeros trabajos importantes fueron creados en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza; también trabajó en Roma, Bolonia y Venecia, y durante los últimos años vivió en Francia por invitación del rey Francisco I.

El artista es descrito como un arquitecto y símbolo del hombre del Renacimiento, un genio universal, filósofo humanista cuya curiosidad se equipara a su capacidad inventiva, además []es considerado como uno de los más grandes pintores de todos los tiempos y, probablemente, es la persona con el mayor número de talentos en múltiples disciplinas que haya existido. Como ingeniero e inventor, Leonardo desarrolló ideas adelantadas a su tiempo, como el helicóptero, el carro de combate, el submarino y el automóvil; muy pocos de sus proyectos llegaron a construirse, puesto que la mayoría no eran realizables durante esa época; como científico, hizo progresar el conocimiento en las áreas de anatomía, la ingeniería civil, la óptica y la hidrodinámica.

Su asociación histórica más famosa es la pintura, siendo dos de sus obras más célebres, La Gioconda y la Última Cena, además de su dibujo del Hombre de Vitruvio, que ha sido tomado en numerosos trabajos. No obstante, sólo se conocen unas veinte obras, debido a sus constantes experimentos con nuevas técnicas y a su inconstancia crónica; este reducido número de creaciones, junto con sus cuadernos que contienen dibujos, diagramas científicos y reflexiones sobre la naturaleza de la pintura, constituyen un legado para las sucesivas generaciones de artistas, llegando a ser igualado únicamente por Miguel Ángel.

Leonardo da Vinci es pues un ícono del arte; como artista e inventor reflejó una época y una constante que se refiere a la capacidad humana de crear, una característica que marcó la idea del artista; no sólo el arte del renacimiento ha marcado pautas en la forma de ver el arte, la historia y las sociedades, pues cada corriente plástica refleja deficiencias en la anterior y marca nuevas propuestas en el hacer artístico; en este sentido el arte contemporáneo, el arte de nuestro tiempo, entendido desde la contemporaneidad aplicado al arte del siglo XX, que se traduce a un criterio cronológico y estético, definido por su ruptura con el academicismo y por su adecuación a renovadas y provocativas teorías del arte (arte deshumanizado, arte puro muerte del arte, crisis del objeto artístico, arte independiente).

Recientemente el Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) de Barcelona abrió sus puertas mostrando su colección, el director José Manuel Infiesta, ofrece en este espacio arte figurativo en contraposición de este espacio presenta un planteamiento filosófico que consiste en asumir que, como el arte del siglo XX se ha caracterizado por la destrucción de la forma, por elevar la abstracción y la experimentación a algo sagrado, así como por la destrucción de los valores tradicionales; a final del siglo, el ciclo se da por satisfecho, la destrucción de la forma ya no da para más; y por ende es necesario replantearse el oficio del artista, los espacios y el consumo del mismo.

 

El camino del arte

Cuando se ha destruido la forma, ya no hay más camino; el siglo XXI y su arte refleja una realidad y una continuidad de texturas, formas y contenidos en lo efímero. Pero sobre todo, se puede observar un contexto donde los poderes públicos mantienen el status quo de destrucción de la forma, de promoción de artistas experimentales, alejándonos de las generaciones de artistas jóvenes y experimentados que están y han estado buscando un retorno a los cánones clásicos, o a lo que ha sido siempre el arte: la figuración.

Muchos artistas recurren a la figuración por la concepción del arte académico, y sobre todo de los grandes artistas; sus grandes maestros son Rembrandt, Velázquez, Da Vinci, Miguel Ángel. Aún existen artistas que valoran lo que era la pintura de verdad, la pintura figurativa y bajo cánones clásicos; por tanto es necesario reconocer lo que vale este arte y crear a partir de ahí un arte nuevo, un lenguaje propio. No se tiene que copiar a los grandes maestros, pero lo que no se puede hacer es negarlos.

 

La muerte del arte contemporáneo

El arte contemporáneo se sigue manteniendo, pese a que el público que lo consume ya no cree en él; y esto se debe a que este arte está encerrado en sí mismo y ha adoptado una postura de represión; pues aunque hay mayores espacios para este tipo de productos artísticos, existe una contraposición entre lo figurativo y lo abstracto como si ambas corrientes estuvieran contrapuestas, como si negando la existencia de la otra desapareciera aquella que no se considera útil.

Existen muchos artistas que siguen prefiriendo lo figurativo, hay quienes pintan extraordinariamente y son éstos los pioneros en recuperar esa noción del Arte con mayúscula.

 

El valor del arte contemporáneo

Aunque el “arte contemporáneo” incluye a Picasso o Miró, aunque han pasado más de cien años, la ruptura de la forma queda ya como un hecho histórico que no da más de sí. La apreciación y el valor de un objeto artístico es subjetivo; un cuadro tiene un valor por sí, pero un mingitorio expuesto en una sala como arte contemporáneo resulta desfasado porque ha perdido su valor histórico, como lo hizo en su momento Marcel Duchamp.

Puesto que el valor del arte es subjetivo, existe como en cada época, una evidente manipulación del arte que ha servido para el creador y para los coleccionistas que han conseguido convertirse en una clase poderosa que se puede hacer millonaria manipulando el arte contemporáneo, tal y como ha sucedido con obras de Jackson Pollock, donde lo que se vende es la firma.

El arte contemporáneo se identifica con lo que es experimentación. La generación de los hiperrealistas americanos, de los años 70 u 80 que hoy en día son un clásico, fueron una reacción a la situación de caos del arte, era querer convertir la fotografía en arte, puesto que en ese momento la fotografía no se consideraba como tal; sólo algunos lo lograron y lo hicieron no a través de la fotografía en sí, sino utilizándola para crear la obra de arte. De esa generación quedaron unos cánones que han servido para el arte de finales del siglo XX, para el hiperrealismo con pintura y utilizando métodos que entonces eran nuevos, como los aerógrafos. Estos artistas buscan superar la fotografía, no imitarla; se busca que el resultado sea menos frío que una foto, que sea más expresivo, más brillante.

Al hombre contemporáneo yo creo que se la ha quedado pequeña la religión, pero el que tiene sensibilidad, el que tiene un concepto de la ética, sustituye la religión por el arte. Ya dijo Wagner que el arte puede ser la religión de los nuevos tiempos.

 

El arte como oficio

Es verdad que el artista no siempre se forma en la academia, y resultaría formalista pensar que sólo aquel es válido; por tanto el arte no ha de ser académico, pero eso no quiere decir que no haya que saber la técnica. Pues antiguamente un escultor tenía su taller con aprendices que trabajaban allí y aprendían el oficio. Eso era la academia: aprender el oficio. Cuando ya lo dominaban, se independizaban y montaban su propio taller. Ser enemigo de la Academia en tanto que enemigo de la rigidez, del formalismo, no significa que no hayas de aprender el oficio.

Como considera el director del Museo Europeo de Arte Moderno José Manuel Infiesta: “El gran error del siglo XX es que ha querido destruir la técnica y el oficio. Lo que es un error es pretender pintar sin saber pintar: eso es una petulancia y una arrogancia increíbles. Aunque el concepto de academia no me interesa, es necesario. Sin eso, no hay arte.”

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