La novela La Tumba de José Agustín cumplió 50 años de haberse publicado

Dos escritores que agarran la onda: Agustín y Avilés

Miércoles, 20 Agosto 2014 19:00
Autor:   Hugo Cabrera/Moisés Ramos/ Subterráneos
* La Dirección de Fomento Editorial BUAP tendrá colección literaria que llevará el nombre de René Avilés Fabila

 

 

Puebla, Puebla. 16 de agosto 2014. "Fui al dentista la semana pasada y me dijo que tenía aún la muela del juicio. Le pregunté qué cuánto tiempo podría tenerla sin que me molestara. El dentista me dijo que aproximadamente diez años. Tengo 73 y a los 83 años ya estaré muerto, es una buena edad para morir…", dice mientras sonríe el escritor René Avilés Fabila, quien espera la conferencia de prensa en donde anunciarán el lanzamiento de la colección literaria que llevará su nombre. Mientras, comparte algunas experiencias de vida.

En el evento al cual fue citada la prensa, se convoca a personas menores de 30 años a que manden sus obras inéditas para ser parte de la colección literaria que llevará el nombre del escritor, una iniciativa de la Vicerrectoría de Extensión y Cultura, a través de la Dirección de Fomento Editorial: "Soy contemporáneo de José Agustín y Parménides García Saldaña, estudiamos en La Prepa 7 que estaba en el centro (DF). Aún tengo contacto con el hermano de Parménides y acabo de ver a José Agustín, que estará por celebrar 50 años de haber escrito La Tumba", recuerda el escritor.

Su primera novela publicada fue Los juegos, en 1967; su primer libro de cuentos Hacia el fin del mundo, editado por el Fondo de Cultura Económica, y dice que, “son las universidades las que me reconocen principalmente, la UNAM, UAM, BUAP. Recientemente obtuve la medalla al mérito artístico del gobierno del Distrito Federal, es extraño que los políticos reconozcan a los artistas, espero me la den por escritor y no por bailarín porque soy muy malo (risas). Estoy contento por estos reconocimientos a mí trayectoria. Estoy traducido a lenguas raras como ruso, coreano, chino y apenas me publicaron en mixe y zapoteco. En medio de todo esto recibo la noticia de que se creará la edición de literatura para jóvenes que llevará mi nombre. Yo tuve contacto con maestros que fueron generosos en mi juventud, y es una forma de retroalimentar e impulsar la literatura emergente. Yo soy un joven de 73 años y les consta a mis amigos. La juventud es un estado de ánimo. Mi mamá era muy activa, se negó a sacar su credencial del INAPAM, yo si la uso. Yo creo que convocar a jóvenes menores de 30 años está bien. Yo veo en los jóvenes la necesidad de ver sus materiales circular entre internautas o a los que amamos el libro en un impreso. Todo esto se discutió con mucha seriedad y nobleza, yo creo que está bien pensado. Cuando tenía 20 años, en esa época, decíamos que tener más de 30 años era ser un ruco, pero esas momias siguen por ahí, Mick Jagger, Los Rolling Stones, algunos Beatles. Yo creo está bien, se trata de publicar textos de calidad, es una convocatoria clara, tenemos que garantizar los materiales. No puede ser sólo salida de los jóvenes, también debe ser prestigio de la institución, es un mero problema de calidad. No es tanto el mensaje, como la calidad. Esto es algo perdurable, de enorme trascendencia y valoro lo que ha hecho la Buap. Sí, hay salones, bibliotecas, calles que llevan mi nombre, pero una colección es perdurable”.

 Foto: Wendy Pardo/ Subterráneos

 

 

Foto: Moisés Ramos/ Especial

Octavio Paz y Carlos Fuentes, unos mamones y gobiernistas absolutos: José Agustín

Texto y foto: Moisés Ramos Rodríguez

(Entrevista concedida el 2 de abril del año 2009)

Puebla, Puebla. Echeverría es continuidad auténtica de Díaz Ordaz, aunque ellos se pelearon mucho, y Echeverría pintó su raya con Díaz Ordaz quien, dicen se ponía tan furioso consigo mismo, que se veía en las mañanas al rasurarse y decía: “Tú escogiste a Echeverría ¡Pendejo, pendejo, pendejo!” y se daba de topes contra el espejo. Echeverría era nefastísimo, aún más que Díaz Ordaz porque dilapidó la supuesta estabilidad previa que se había venido creando desde principios de los años cincuenta con el “desarrollismo”. El 68 fue la precrisis espiritual de la económica, la de 1976, la cual sólo fue el resultado de ésta.

Así califica a dos ex presidentes, a los cuales padeció el escritor José Agustín, quien nació en Acapulco en 1944 y a quien, a los 19 años de edad el escritor Juan José Arreola le publicó su primera novela: La tumba.

Invitado especial para inaugurar el festival de cine musical In-edit que ayer inició el Ayuntamiento de Puebla, Agustín explicó: “Aunque en el gobierno de Díaz Ordaz se obtuvo la sede de las Olimpiadas, del campeonato mundial de fútbol y se hizo una muy buena olimpiada cultural —cuando vinieron grandes artistas a México— en realidad todo era una ilusión, un sueño absolutamente ilusorio del que había que despertar, y se despertó en el 68”.

Y más: “No se podía creer que el país perfecto de crecimiento anual de 7 por ciento, de paridad fija, sin broncas económicas, resultara que se estaba despellejando…. Díaz Ordaz fue uno de los presidentes más nefastos que ha tenido nuestro país, era un autoritario definitivo, pero lo peor es que a él se le hacía la conducta correcta. El régimen estaba acostumbrado a la represión. Si alguien se la hacía de pedo, entonces había que darle de nalgadas o madrazos fuertes”.

Cronista de los años que le han tocado vivir, José Agustín recordó que Díaz Ordaz inició su gobierno por medio de represiones en 1965 contra los médicos, y de ahí, a un año de gobierno, se siguió. Agustín lo padeció con un escritor: José Revueltas, del cual opinó:

“Uno de los más grandes escritores mexicanos, y el hombre más puro que posiblemente haya existido en la historia de este país. Su obra es de una riqueza extraordinaria y una lección de integridad, rigor artístico y de capacidad y de sentido del riesgo, porque se puso a hacer novela política exactamente cuándo exactamente era lo que más se desalentaba”.

Además de la literatura, José Agustín compartió con José Revueltas una estancia en la cárcel de Lecumberri. Sobre el autor de Los muros de agua agregó: “Definitivamente lo desconocemos como autor, sí. No todo mundo, por supuesto, pero una prueba de ello fue que, hace poco la editorial Era me pidió una antología de cuento, de relato breve de José Revueltas. La saqué y quedó muy bonita, y resultó que se estaba vendiendo bastante porque la selección era muy estimulante, pero también porque la gente que los estaba comprando no tenía la más remota ideas de quién es”.

“Aunque no se crea, el medio mexicano es de un conservadurismo verdaderamente espantoso y es muy rencoroso, entonces le agarró odio a Revueltas; y si hay algo que le fastidia al stablishment es equivocarse. Entonces: se equivocaron con Revueltas, les da mucho coraje y, en el fondo, por eso mismo tratan de no darle la fuerza que debería de tener. Todo se va para Octavio Paz y para Carlos Fuentes, quienes podrían ser buenos o malos escritores, pero definitivamente son unos mamones y gobiernistas absolutos, y a Revueltas, a pesar de la muerte, lo siguen relegando”, agregó enfático.

 

Parménides, Juan Tovar, el sectarismo...

Figura central de los años de la revuelta en los sesenta del pasado siglo, José Agustín compartió su pasión vital con Parménides García Saldaña, del cual recordó: “Era mi hermano del alma. Los dos nacimos en el mismo año, 1944, él era acuario y yo leo. Vivíamos relativamente cerca y nos conocimos como a los 16, 17 años de edad. Él era muy amigo de un fotógrafo estimadísimo por nosotros que se llama Ricardo Vinós, y de un escritor poblano, Juan Tovar. Ellos hicieron juntos un guión, que fue premiado, en un concurso donde yo también metí un guión, igualmente premiado. Nos conocimos en la entrega de premios. Y a partir de ahí… Reconocimos los tres que éramos grandes fans de los Rolling Stones y de Bob Dylan, en especial de éste, a quien en aquel entonces sólo lo escuchaba su chingada madre. Eso nos acercó muchisisísimo”.

García Saldaña es autor de Pasto verde, novela emblemática y de culto. José Agustín recordó: “Yo publiqué primero que él, y en cierto sentido, por eso, me tocó abrirles las puertas: la publicación de la editorial Diógenes, donde se publicó Pasto verde… y después me tocó establecer un muy bien contacto con Joaquín Díez-Canedo, a quien le llevé a Parménides. Joaquín para entonces, ya era el editor de los jóvenes y quería tener a todos los escritores jóvenes, y se puso feliz cuando Parménides llegó con un libro para él”.

Para el autor de Inventado que sueño, Parménides García Saldaña está “definitivamente subvalorado. Es un poco el mismo caso que Revueltas, pero más grave todavía, porque el stablishment lo ve naco, folclórico… pirado, definitivamente pirado y no les interesa en lo más mínimo, y casi nadie habla de él. Pero he visto que de diez años a la fecha su presencia está crecido muy fuerte —y de a devis— entre la gente que debe de crecer. Ya tenía todas las raíces, pero ahorita ya, de plano, creo que se convirtió en un gran mito y un emblema de la contracultura mexicana”.

Se le preguntó a José Agustín sin hubo un rompimiento entre él y el poblano Juan Tovar, quien abandonó la Facultad de química en la BUAP para irse al DF a hacer literatura. El escritor respondió: “Nos separamos mucho porque yo me fui a vivir a Cuautla en 1975, y él se fue, después a Tepoztlán, y ahí todavía nos frecuentábamos, pero cada vez menos. Yo agarré actividades distintas a las de él y eso nos fue separando… Lo quiero muchísimo, y sigo en contacto con él”.

—Pero parece que él llegó a descreer de la cultura de los enteógenos, del rock, abjuró…

—Ay, sí, abjuró... ¡qué mamón! Nos daba mucha risa, y luego tristeza porque se puso a vender su colección de discos. Y tenía auténticas joyas, y por 15 varos le podías comprar cosas inauditas. Yo nunca le quise comprar nada porque se me hacía como… gacho: Me decía: “Son sus discos. Este güey va a regresar a los discos”. Y sí, efectivamente después se le pasó la enfermedad infantil del sectarismo y muchos los tuvo que volver a comprar.

 

La banda sonora mexicana

Gran conocedor, crítico, coleccionista impenitente, José Agustín opinó sobre ese primer intento de hace 40 años de crear un rock auténticamente mexicano: “Había muchos grupos y músicos muy buenos: los Dug Dugs eran excelentes; el Love Army era sensacional; El Pájaro Alberto era una maravilla increíble; Tinta Blanca me gustaba menos pero también era bastante bueno. En el 68 surgió el Tri, y hubo experimentos muy locos, como el grupo de Monsiváis y Alfonso Arau que se llamó los Tepetatles, que viene siendo como el abuelito de Botellita de Jerez. Es la época de La Revolución de Emiliano Zapata que, como quiera que sea hizo también unas rolas bastante estimables. Después, en los años setenta se prepara Sombrero Verde (actual Maná) en Guadalajara, en el DF Chac Mool…”.

Pero como ahora se sabe, el rock no pudo crecer, y José Agustín explicó por qué: “El gran inconveniente de ésa época era, en primer lugar la franca subestimación por parte de las empresas, que no les daban chance de nada; la cerrazón de espacios, porque sobre todo después de Avándaro prácticamente se canceló el rock pero, sobre todo, el hecho de que no compusieran en español. Cuando la rompieron en los años setenta, primero el Tri, después Rockdrigo y los rupestres, fue una maravilla: nació el rock mexicano”.

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