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Lo dicen quienes participaron

‘Río’ el mejor suplemento literario en Puebla: Ramos Rodríguez

Miércoles, 30 Septiembre 2015 09:35
Autor:   Hugo Cabrera/ Raúl Rivera/ Foto: Wendy Pardo/Subterráneos
*Ha habido mucha actividad cultural en los últimos cincuenta años en la capital poblana, y eso requirió de periódicos, revistas y suplementos culturales para replicarla”

 

Puebla, Puebla. 30 de octubre 2015. Río ha sido el mejor suplemento literario de Puebla; yo lo hacía, del 2001 al 2004; y no lo digo yo, lo dicen quienes participaron en él, asegura Moisés Ramos Rodríguez, quien del 12 de mayo del 2001 al 30 de octubre de 2004 coordinó ese suplemento en un diario local.

Con 26 años de labor en el medio periodístico cultural, especialmente el de Puebla, Ramos Rodríguez agrega: “Ha habido mucha actividad cultural en los últimos cincuenta años en la capital poblana, y eso requirió de periódicos, revistas y suplementos culturales para replicarla”.

Sin embargo para el entrevistado, también escritor y gestor cultural, el gran auge del periodismo poblano de los últimos años inició en 1990: “Elijo ese año como punto de partida porque fue la llegada de las computadoras, del desuso del télex pero, sobre todo es el tiempo del crecimiento de las ofertas periodísticas, radiofónicas e, incluso, y aunque nos cueste creerlo, televisivas”.

Ganador del Premio Estatal de Periodismo en materia de “Crónica”, Moisés Ramos Rodríguez es autor de tres libros: El ojo omnipresente, crónicas de cine; Olvido es nuestro nombre y Raíz de luz.

Aunque asegura que no estudió “nada”, el último curso de periodismo lo hizo en la UNAM el año pasado. ¿Cómo te defines?, le pregunto: “Como poeta, bebedor de café, viajero, lector y periodista, sobre todo reportero. Me gusta la definición que un día me dio Fernando Alberto Crisanto sobre los reporteros: son como las putas: están sudando, taloneando y en la calle. Pero sobre todo soy curioso. Un periodista, y un ser humano en general sin curiosidad, no vive: flota de muertito, asegura.

Hoy maestro de la materia de periodismo cultural, recuerda que empezó a escribir “profesionalmente en El Sol de Puebla, en la sección cultural que dirigía la maestra Alicia María Osio; digo profesionalmente porque ella me dio un espacio formal, donde debería cumplir con publicar una columna sobre cine o teatro”.

Estudiante universitario, antes, había enviado “algunas cosas” al periódico Cambio, en los años ochenta, e incluso colaboró en el suplemento “San Lunes”, que “vi morir. Yo entré entonces como reportero cultural a ese diario y no he parado”.

Con sus ejemplares de Río en la mano, trae a la memoria que “en El Sol de Puebla no había suplemento cultural como tal, sólo la sección de la maestra Osio; pero lo publicado por el poeta Gilberto Castellanos durante años (creo que más de 20), cumplía esa función. Castellanos, quien era subdirector y después director de la Casa de Cultura, era además el primer periodista cultural televisivo con un espacio, también de años, en TV 3”.

En alguna época músico de rock, Moisés Ramos asegura frente a una taza de café que La Bohemia Poblana ya estaba de “capa caída”; y “la menciono porque era un grupo cultural fuerte, independientemente de su orientación e ideas estéticas. Eran los años ochenta y todo comenzaba a cambiar: muchos de los periodistas que ejercían ese oficio estaban ligados o habían surgido de la BUAP, y eso le daba otro rostro a cierto periodismo, militante, sí, pero también poco ortodoxo. De ahí que “San Lunes” haya sido posible”.

 

 

Cambios locales, y otros periódicos

El periodista Moisés Ramos Rodríguez hoy carga cada vez menos una computadora portátil, y más un teléfono que sustituye a la grabadora y a la cámara de fotos. Usa WhatsApp, Facebook, no ha ingresado a Twitter y no quiere cuenta en Instagram.

Afirma que le gusta hacer entrevista, y recuerda como “la más agradable la que le hice al poeta Alí Chmacero: era mi héroe y bebimos whiskey y platicamos durante un par de horas o más”; se ríe porque ahora es el entrevistado.

A él le tocó escribir en “unas máquinas gigantes, pesadas, como pedazos metálicos de dinosaurios. Las computadoras, posteriormente el teléfono portátil y el internet, cambiaron el rostro del periodismo, pero en Puebla antes, o a la par, hubo algo interesante: se incrementó el número de periodistas egresados de una facultad, aunque los primeros, la mayoría eran sólo de la Upaep; luego llegaron, en esos años, de la UDLA, de la Iberoamericana, y últimamente de la BUAP”.

El periodista, quien estudió filosofía, teatro y música en la UAP asegura que “aunque pudiera parecer irrelevante, el que egresados universitarios ejercieran el periodismo en Puebla, era importante: tenían una formación distinta a quienes se habían hecho autodidácticamente, obvio, pero traían una cultura de cine y música, sobre todo, que empezaron a permear los diarios”.

Según él, que hizo teatro en la UAP, se acabó con mucho “una cultura de alcoholismo y Sonora Santanera, sustituida por el cine de autor, el rock, sobe todo el rock, y la literatura; algunos reporteros eran escritores, y escritores eran también varios editores, y le metían mano a los periódicos, y hacían o impulsaban la creación de secciones de cultura”.

Moisés Ramos, actualmente reportero de cultura de Milenio Puebla, quien está terminando dos libros que debe entregar “ya” a la imprenta y tiene uno en espera de ser impreso, asegura que, entre otros “Alejandro Meneses llevó la idea del suplemento cultural al periódico donde era corrector; así fundó Catedral; no ha sido el único suplemento”.

Explica que “en los años noventa yo hacía una revista, a la par de mi labor como reportero, Ítaca; desde el 94-95 hasta el año 2000, Roberto Martínez Garcilazo y yo, con un equipo en el que participaron el poeta Gerardo Lino, el dramaturgo Felipe Galván y otros pocos. La manteníamos vendiendo publicidad, con lo cual acabamos con el mito de que la cultura ‘no vende’; se nos quedó un número ya terminado, diseñado sobre los autores de Federratas (sic), revista y grupo en el que participé, cuando ya no había modo de mantener la revista”.

Roberto Martínez Garcilazo hizo un libro, Narradores en Puebla recuerda Moisés Ramos, “todavía con el sello de Ítaca, en el año 2001; yo sólo lo acompañé en la aventura; ambos veníamos de la revista Federratas, de los ochenta, teníamos experiencia que aumentó con Ítaca”.

Y recuerda “meses después de la aparición del libro, que coeditamos con la BUAP comencé con el suplemento Río. La idea era la misma de nuestras publicaciones anteriores: publicar creación literaria y plástica. No teníamos columnas, no queríamos puestos públicos, no promovíamos a nadie pero eso sí, publicábamos a tirios y troyanos”.

Aclara Moisés Ramos Rodríguez que el suplemento Río “apareció todos los sábados de mayo del 2001 a octubre de 2004; no tenía ‘Consejo Editorial’, un eufemismo para presentar al grupo al que una publicación pertenece; sólo teníamos una lista de 34 ‘colaboradores’, casi todos locales: esos eran los tirios y troyanos”.

Río “se acabó porque ya no me gustó la línea editorial del periódico donde lo publicaba y renuncié; aun así, tres meses más lo siguieron publicando, reeditando números conocidos. Me fui e hice un suplemento que se llamó “NorteA2”, una guía cultural.

 

Sin libro de historia de Puebla

El periodista cultural, quien trabaja en la producción del disco en vivo de los treinta años de carrera de Carlos Arellano y la organización de un concierto sinfónico del compositor, asegura que “eran esos tirios y troyanos quienes decían, y si les preguntas, dicen, que Río ha sido el suplemento cultural, además, literario, que ha habido en Puebla en los últimos años. Sólo publicábamos creación literaria, poesía, adelanto de novela, cuento, dramaturgia, ensayo, traducción. A la par, ilustrábamos con obra gráfica de artistas locales, en más de un ochenta por ciento de esos más de tres años”.

Enfático, insiste: “No publicábamos columnas, y menos columnas de opinión; tampoco noticas, entrevistas o reportajes. La idea era que los escritores fueran conocidos por sus obras”.

¿Dónde es posible saber eso que nos cuentas?, le pregunto y me dice que hay un libro sobre el periodismo en Puebla, que sólo llega hasta mediados del siglo XX: “pero hace falta escribir la parte ‘nueva’, reciente del periodismo. Por ejemplo, lo que te decía del auge editorial en los años noventa: nadie ha tocado el tema, y es un momento muy importante para el periodismo”.

Moisés Ramos Rodríguez ha dado clases de periodismo en Puebla, y periodismo cultural, principalmente poblano, en la Casa del Escritor y en la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP. Explica que eso es lo que enseña en sus clases:

“En los noventa llegaron varios periódicos de la ciudad de México a establecerse en Puebla, entre ellos La Prensa, que vendía mucho, y El Financiero, entre otros. Se abrieron nuevas estaciones de radio antes que Radio BUAP: Sí FM y 105.1 FM. Se abrieron los canales de TV por cable y Azteca; nacieron Síntesis, Página Regional… Alternativas”.

El periodista cultural que publicó la revista semanal de cultura y espectáculos Ónix “antes del actual auge de las guías” y ha hecho televisión, afirma que “ahí se abrieron espacios; algunos perduraron, otros se han perdido; unos tuvieron un peso cultural fuerte. Entonces yo era periodista cultural y editor de Ítaca. Abrir Río en el 2001 era una consecuencia natural de mi actividad en ese ambiente”.

 

Corresponsal desde la Selva Lacandona

Corresponsal en Chiapas de enero a marzo de 1994, Moisés Ramos Rodríguez tuvo un programa de radio policial en Radio Oro, que llegó a transmitir desde dentro de la cárcel o desde un helicóptero. Hoy conduce “El gran teatro del mundo” en Radio BUAP, los sábados, de 16 a 17 horas.

Asegura que “Las opciones en los medios hicieron que la competencia creciera para bien en los noventa, en todas las áreas, porque La Prensa competía con El Sol; los periódicos, las estaciones de radio que no tenían abrieron secciones de negocios para enfrentar a El Financiero. Los nuevos periódicos miraron hacia la provincia de la provincia y por primera vez hicieron competencia seria en los municipios”.

El periodista cultural agrega: “Con decirte que fue en esa época que se hizo moda transmitir desde Nueva York… No había Facebook, el único medio de comunicación efectiva, y eso entre comillas, era el celular, que todavía era rudimentario. Pero todavía era el auge de los impresos: Río era un suplemento de ocho páginas, a color la mayoría de las veces que, en el primero, segundo y tercer aniversario publicó un especial, también a color, de 32 páginas, ¡con publicidad incluida…!

Con 26 años también haciendo radio, Ramos Rodríguez asegura que no le gusta la televisión por lo mucho que exige y lo poco que da: “En Río también acabamos con el mito de que los suplementos culturales, especialmente los literarios, no venden; nosotros teníamos páginas completas de publicidad en los especiales y no publicábamos columnas ni textos de promoción”.

¿A cuántos autores publicaron?, le pregunto, y responde “¡uf, imagínate…! 181 números, en algunos de los cuales había hasta cinco o seis autores. Ahí publicamos a los de obra ya hecha, como Juan Tovar, Palou, Castellanos, Pimentel o Wolfson, a quienes después publicarían en editoriales nacionales e internacionales; a quienes sólo tenían un premio FFyL o un libro en ciernes; a quienes habían publicado en una antología o esperaban a publicar por primera vez; éstos se codearon con autores que enviaban textos desde España, Argentina, Estados Unidos, Canadá o Austria”.

 

El río se va

“Última edición” dice sobre el nombre Río del 30 de octubre del año 2004. Hace casi once años. El coordinador, ideador y promotor del mismo, Moisés Ramos Rodríguez lo tituló “El río se va”. Y al cumplirse casi tres lustros de su publicación, cree que es tiempo de hacer un recuento:

“Ha corrido mucha agua, mucho río; ha habido muchos suplementos; mientras existía Río, y después, Miguel Ángel Andrade hizo Cámara; el impenitente editor y ensayista Jesús Chucho Bonilla ha abierto y cerrado varios suplementos y secciones culturales en periódicos y revistas impresas, y ahora lo hace en digital, en www.e-consulta.com. No son los únicos casos, pero es hora de investigar y publicar esas historias”.

Le pregunto a Moisés Ramos Rodríguez si volverá a hacer un suplemento y contesta mientras se ríe: “Sí, cómo no. ¡Y con tirios y troyanos…! ¡Otra vez…!”

Pero ya más serio explica que es difícil reunir materiales, porque “algunos escritores, como cualquier ser humano, no son puntuales, y los artistas plásticos son difíciles de tratar en cuanto a su obra: se necesitan fotógrafos profesionales con cámaras muy buenas para reproducir su obra”.

Mientras suena su teléfono avisando que tiene mensajes continuos de WhatsApp, el periodista cultural reflexiona: “Hoy no sólo hay otros medios, sino también otros recursos y necesidades. Es necesario seguir en la cultura, sí. Y el futuro parece ser… bueno, tengo nombre de profeta, pero no lo soy. Lo que ha de hacerse, ha de hacerse, y eso será el futuro”.

 

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