Print this page
El compositor Carlos Areñano enseña a componer canciones a internos del Cereso

Los presos que tienen algo que decir

Jueves, 21 Mayo 2015 00:00
Autor:   Hugo Cabrera/Subterráneos
*Algunos internos ya tenían la experiencia de tocar o cantar, lo cual facilitó el proceso para hacer canciones, que fueron desde temas profundos, hasta de humor

Puebla, Puebla; 18 de mayo 2015. “Es más fácil componer cuando se tiene algo que decir y finalmente yo solo dirigí esa necesidad de contar algo”, dice Carlos Arellano en la entrevista realizada en el estacionamiento del penal de San Miguel (Cereso, Puebla). El cantautor estuvo impartiendo un taller de composición de canciones a internos del penal los días 11, 12, 13 y 14 de mayo del 2015; invitado por una institución gubernamental y con la gestión del colectivo Subterráneos. El resultado fueron cuatro canciones de creación colectiva y la idea de producir una grabación, además de darle continuidad al proyecto.

Los permisos y planeación del proyecto no fueron cosa fácil, en una posterior entrega se hablará del tema. La clase final apenas contó con algo de público, autoridades del mismo Cereso, los gestores del proyecto y el maestro Carlos Arellano. Lo primero que llamó mi atención fue que algunos de los participantes, en ese momento 14 personas, ya sabían tocar algún instrumento. Los más tocaban la guitarra, pero había pandero, contrabajo, tarola, guiro, y varios vocalistas.

“Estuve cuatro días, de lunes a jueves, dando un taller de composición de canciones. Fue una experiencia muy interesante, primero el trabajar con gente que está recluida, tiene su peso estar aquí y tuve por otro lado, la fortuna de encontrarme con presos que no sólo tenían la disposición y las ganas de tomar el curso. Ya algunos tenían tiempo haciendo canciones, esa experiencia eso ayudó mucho.

     “Hicimos canción por día. El cuarto día ya fue para montar las tres canciones compuestas. Un trabajo colectivo complicado y gratificante, porque cada uno de ellos tenía diferentes niveles, tanto de relación, como de formación. Hacer coincidir las opiniones era complicado, y pues el reto era ése. Fue meternos a hacer rolas con distintos criterios.

     “Hubo canciones con lenguaje directo, hasta las rolas en donde hicimos esfuerzos por crear imágenes  y buscar metáforas. Hicimos una canción de humor, ellos eligieron los temas que les queda más cerca, como el asunto ese de la rampa,  hay una rola que se hizo con ese tema que es la entrada y salida del Cereso, que tiene un significado muy fuerte para ellos. Hicimos una cumbia sobre ‘la casita’, que son sus visitas conyugales íntimas, se prestaba para el cotorreo chido. Otra canción fue una baladita”.

 

¿Te queda alguna expectativa después del taller?

—Enrique es un preso que ya tiene cancha, lleva varios años aquí, y aquí se hizo músico, tiene un talento natural para hacer canciones. Me cantó varias, tiene un talento natural, mucha chispa para la canción popular. Están por publicarse diferentes canciones suyas con diferentes grupos. Me quedo con las ganas de hacer más cosas, de darle cierta continuidad, en especial con gente como Enrique, que tiene un camino andado, pero que pide apoyo para aprender más. Él quiere tocar mejor la guitarra, saber más de armonía. La misma experiencia me genera expectativas para fortalecer diferentes aspectos.

 

Hacer canciones parte de tener algo que decir, ¿qué tenían que decir los internos del Cereso?

—El estar ‘entambado’ por supuesto que te hace anhelar muchas cosas. Hicimos la rola en donde buscamos más recursos del lenguaje,  y de inmediato salió la rampa, que para ellos es un sentido de ‘ya salimos de esta’. Está siempre presente la esperanza de la  libertad. En los temas no había problema, ellos están ávidos y muy sensibles de las cosas.

¡Estuvo a ‘toda madre! Entré con la expectativa de cuantos me tocarían y cuántos sólo venían a pasar el rato, al final fue muy estimulante!”

 

 

Notas Relacionadas